Por Javier Mico-Crump
Incluso antes del saque inicial, el sonido de los tambores y las trompetas de La Barra Real resuena por todo el America First Field en los días de partido. Desde su fundación en 2009, este grupo de aficionados hispanos ha aportado una energía inconfundible a las gradas, saltando, ondeando banderas y entonando cánticos en apoyo a los equipos de fútbol de Utah desde el pitazo inicial hasta los últimos instantes del encuentro. Su presencia se ha convertido en un pilar fundamental de la experiencia de los días de partido en Sandy, creando un ambiente vibrante para los aficionados y una atmósfera cargada de energía para los jugadores. Para los miembros de La Barra, el fútbol lo es todo, y es precisamente esa pasión colectiva por este deporte la que ha dado origen a algo aún más grande fuera de la cancha: una nueva comunidad, un sentido de pertenencia y el deseo de compartir y promover la cultura hispana.
Juan García, nacido en Nayarit, México, y residente en Utah desde 2008, ha estado al frente de la música de La Barra Real desde la fundación del grupo hace diecisiete años. Aficionado al fútbol desde su juventud, García jugó en la tercera división mexicana antes de mudarse a Estados Unidos, donde se enamoró de inmediato de su nuevo equipo local, el Real Salt Lake. Apenas un año después de unirse a La Barra, el RSL conquistó la Final de la MLS Cup de 2009 y, pese a todos los altibajos que han seguido desde entonces, García continúa firme en su apoyo casi veinte años después.

“Los días de partido a las 10 de la mañana yo ya estoy listo, ya bañado y cambiado, alistando aguas para los muchachos y acomodando los instrumentos”, comentó García. “No paro desde las 10 de la mañana hasta las 11 de la noche que se termina el partido. Tengo que organizar todo, asegurarme que todo esté listo para que cuando lleguen los músicos tengan sus tambores listos para empezar a tocar. Me encanta. Soy feliz.”
Para Argeniz Mansfield, originaria de Veracruz, México, y residente en Utah desde hace quince años, unirse a La Barra Real en 2012 fue casi una experiencia terapéutica. La alegría y el sentido de comunidad que encontró en el grupo le ayudaron a sobrellevar los desafíos que enfrentaba en su vida diaria.

“A mí siempre me ha gustado el fútbol, pero yo me acerqué más a La Barra Real porque tuve un momento difícil en mi vida”, explicó Mansfield. “Me uní al estadio a cantar y apoyar al equipo, y eso me ayudaba mucho a liberarme del estrés y sentirme mejor. La Barra se convirtió en muy algo especial para mí y desde entonces no me he separado de ella.”
Tanto para García como para Mansfield, al igual que para muchas otras familias hispanas, el fútbol es mucho más que un deporte: es parte de su vida. Además de ser una forma de compartir su cultura, el fútbol tiene la capacidad de unir a las personas, crear comunidades y generar recuerdos para toda la vida.
“Es importante porque el fútbol es parte de nuestra cultura y nos une”, dijo Mansfield. “Los hispanos aportamos mucha alegría, pasión y mucho corazón en las gradas. Es bonito sentirnos representados y saber que podemos compartir nuestras raíces mientras apoyamos al mismo equipo.”

Aunque La Barra tiene un impacto positivo fuera de la cancha, su influencia dentro del estadio también es fundamental para el éxito del Real Salt Lake en los días de partido. La energía que transmiten puede ser clave para motivar a los jugadores, y al mismo tiempo que crea un entorno hostil para los equipos visitantes.
“Les digo que marca una gran diferencia, porque yo conozco a varios jugadores y tengo el privilegio de estar en contacto con Pablo [Mastroeni], el entrenador”, señaló García. “Hablo mucho con él y me ha dado las gracias. Algunos jugadores me han dado las gracias también y me han dicho: ‘Muchísimas gracias por estar aquí. Sin ustedes nada de esto sería posible. Ustedes arman una fiesta y a nosotros nos da ánimo, nos da mas energia, nos da mas ganas de ganar el partido’.”

Cantar y alentar durante los noventa minutos puede ser sencillo cuando el RSL está jugando bien, pero la tarea se vuelve mucho más difícil cuando el equipo atraviesa momentos complicados. Sin embargo, los integrantes de La Barra saben que es precisamente entonces cuando su labor es más importante. Se sienten orgullosos de levantar el ánimo del equipo y de contribuir a que las malas rachas se transformen en victorias.
“Hay unos que la mentalidad la tienen un poco baja y otros que tienen la mentalidad alta”, explicó García. “Yo he hablado con ellos y les digo que no importa que vayamos perdiendo, que vayamos en mala racha, hay que seguir con el ambiente, hay que seguir tocando la música, seguir alentando al equipo. Hay que estar con ellos en las buenas y en las malas. Así es el fútbol.”
“Es muy difícil porque mucha gente los critica y dicen cosas como: ‘Ay no, son muy malos. Siempre pasa lo mismo’”, añadió Mansfield. “Pero nosotros siempre los defendemos. Siempre nos estamos peleando con la gente de que pues no importa. Son jugadores, son seres humanos y cometen errores. Pero nosotros siempre estamos ahí apoyándolos.”
A pesar de llevar casi dos décadas alentando junto a La Barra, García no tiene intención de bajar el ritmo.
“Tengo otro amigo que también es hincha del Real, y el año pasado me dijo: ‘Juan, ya estoy cansado de estar aquí. Hay que retirarnos ya’”. recordó García. “Estamos pensando en retirarnos porque el cuerpo ya no te da lo mismo que cuando tenías 30, 35 años. Pero me pongo a pensar y digo: ‘No, no sé qué haría si no estuviera en el estadio gritando con los amigos.’ Me siento más alegre, más contento, menos estresado, porque tengo a dónde ir y estar 90 minutos alegre gritando, saltando. Olvidándome del trabajo, olvidándome de muchas cosas. Ha impactado bastante en mí y ha impactado tanto que sigo aquí y no quiero retirarme.”

Más allá de la música, los cánticos y el apoyo incondicional al Real Salt Lake, La Barra Real se ha convertido en una comunidad donde personas de todos los orígenes pueden encontrar un lugar al que pertenecer. Para sus integrantes, el grupo representa mucho más que apoyar a un equipo: se trata de crear un entorno familiar donde las personas puedan conectarse a través de su amor compartido por el fútbol. García espera que más gente llegue a entender que cualquiera puede formar parte de lo que han construido.
“Todos son bienvenidos, todos, desde chiquitos hasta grandotes”, afirmó García. “No necesitan hacer absolutamente nada, nada más llegar y estar ahí con nosotros, alentar y seguir adelante. El ambiente que tenemos ahí es familiar, y eso es lo que lo hace tan especial: se siente como una familia.”



