Por Isabella Rubis
Como fisioterapeuta y primera asistente de preparación física del Real Salt Lake, Katie Kuykendall ha convertido una pasión de toda la vida en una profesión, en la que su amor por el deporte y su dedicación al cuidado de los atletas se unen de una manera poderosa. Desde temprano, quedó claro que la medicina deportiva era más que un interés para ella; era una carrera que quería seguir.
“Los deportes siempre han sido parte de mi vida. Empecé a jugar fútbol a los tres años, y para la secundaria practicaba de todo: voleibol, atletismo, campo traviesa y fútbol. Con todos esos deportes vinieron las lesiones, así que terminé muchas veces en fisioterapia. Ahí fue cuando me di cuenta de que era una opción de carrera. Antes de eso, ni siquiera sabía qué era la fisioterapia, pero una vez que la vi de cerca, pensé: ‘Esto está increíble. Quiero hacer esto algún día’”, recuerda.
Kuykendall obtuvo su licenciatura en Entrenamiento Atlético en Hardin-Simmons University antes de completar su Doctorado en Fisioterapia en la prestigiosa Washington University School of Medicine en St. Louis. Además, cuenta con la certificación como especialista clínica en deportes en fisioterapia, un logro que resalta su dedicación a la excelencia en el cuidado de atletas.
Su rol práctico con Real Salt Lake le permite conocer a cada jugador de manera individual y adaptar sus planes de tratamiento a sus necesidades y habilidades específicas. Personaliza cada programa de rehabilitación y fisioterapia para asegurar que se ajuste al atleta, y no al revés.
“Siempre ha sido importante para mí no ser genérica y usar los mismos ejercicios con todos, porque cada jugador es diferente y puede necesitar cosas distintas para volver a la cancha”, afirma.
Para Kuykendall, trabajar en el deporte profesional no es solo una carrera, sino el cumplimiento de un sueño de toda la vida. Cada día combina su amor por el fútbol con su pasión por la medicina deportiva, un camino que ha seguido desde la universidad.
“Creo que lo que más me encanta, egoístamente, es que puedo seguir haciendo lo que amo”, dice. “Fui a la universidad para trabajar en medicina deportiva y jugar fútbol, y ahora estoy aquí, haciendo medicina deportiva para un equipo profesional”.
Ya sea liderando sesiones de rehabilitación en el campo o utilizando su experiencia como exjugadora para guiar planes de recuperación, Kuykendall está viviendo el objetivo que se propuso hace años: ayudar a los atletas a mantenerse en la cancha mientras sigue cerca del deporte que ama.
Un legado duradero: el honor de Kuykendall en el Salón de la Fama de Hardin-Simmons University
Kuykendall obtuvo su título en Hardin-Simmons University, una pequeña institución de División III en Abilene, Texas. Explicó que la principal razón por la que eligió asistir fue su destacado programa de fútbol.
“Es un programa increíble, y mi hermana jugaba ahí, así que esa fue la mayor razón; quería jugar con mi hermana”.
Aunque siempre supo que amaba el deporte, no estaba segura de que el fútbol universitario, al menos a nivel División I, fuera el camino adecuado para ella. Competir en División I suele convertir el deporte en un compromiso de tiempo completo, donde el juego se vuelve toda la vida del estudiante-atleta. Para Kuykendall, la educación era igual de importante, por lo que la División III y la oportunidad de jugar junto a su hermana resultaron ser la combinación perfecta.
Además de un gran programa de fútbol, Hardin-Simmons cuenta con un excelente programa de entrenamiento atlético, el cual ella ya sabía que quería seguir. Kuykendall pudo inscribirse a pesar de ser atleta.
“Normalmente no te permiten ser estudiante de entrenamiento atlético si eres atleta porque puede ser demasiado manejar ambos, pero fueron muy flexibles y me ayudaron a lograrlo”.
Durante sus años en Hardin-Simmons, Kuykendall creció tanto dentro como fuera del campo, adquiriendo conocimientos valiosos en su programa académico que la impulsaron hasta donde está hoy. De igual forma, dejó una huella imborrable en la cancha, rompiendo el récord de asistencias de la escuela con 84. A lo largo de su carrera de cuatro años, también anotó 47 goles, fue nombrada All-American en tres ocasiones, integró el Primer Equipo de la conferencia los cuatro años, fue MVP ofensiva de la conferencia dos veces y cerró su último año como la Delantera Nacional del Año de D3soccer.com. Entre todos esos logros, su recuerdo favorito fue dar la asistencia del gol del campeonato nacional en 2010.
Con un currículum así, era solo cuestión de tiempo para que su nombre quedara grabado en la historia de Hardin-Simmons. Y el 3 de octubre, Kuykendall lo hizo realidad con su inducción al Salón de la Fama.
“Volé de regreso a Texas y pasé unos días en Abilene. Tuvimos un banquete el viernes por la noche donde se llevó a cabo la ceremonia y pudimos dar discursos, lo cual fue muy especial”.
Ser inducido al Salón de la Fama universitario es uno de los mayores honores para un atleta, un reconocimiento no solo al talento individual, sino al impacto duradero. Para Kuykendall, este reconocimiento habla del legado que dejó en Hardin-Simmons. El fin de semana fue una celebración de ese legado, honrando tanto a Kuykendall como al jugador masculino inducido por sus contribuciones al programa.
“El sábado fue el ‘homecoming’, así que fuimos al partido de fútbol americano y hubo una gran ceremonia antes del partido frente a toda la afición”. El fin de semana también incluyó partidos de fútbol masculino y femenino que originalmente eran de visita, pero “cuando los equipos rivales supieron que era el fin de semana de inducción al Salón de la Fama, accedieron amablemente a jugar en casa para que pudiéramos estar presentes. Incluso fuimos capitanes honorarios y participamos en el volado, lo cual fue muy especial”.
La inducción de Kuykendall es un merecido reconocimiento a su talento, dedicación e impacto. Un logro que celebra no solo su brillante carrera universitaria, sino también la ética de trabajo y mentalidad que la han llevado al éxito profesional.
Entrenadora de día, salvadora en un instante
El compromiso y orgullo que Kuykendall siente por su trabajo quedaron completamente evidenciados el domingo 21 de septiembre, cuando Real Salt Lake visitó Los Ángeles para enfrentar a LAFC. Mientras estaba en la banca, un balón salió del campo y se dirigió hacia las gradas. Kuykendall recuerda haber mirado para asegurarse de que nadie hubiera sido golpeado.
“Fue un momento muy aleatorio y afortunado. El balón salió con mucha fuerza, así que miré hacia la grada para ver si había golpeado a alguien, y justo vi a varias personas entrando en pánico. Me pregunté qué pasaba y vi a una mujer cuyo rostro se estaba poniendo azul. Claramente se estaba ahogando”.
Mientras el esposo intentaba ayudarla con la maniobra de Heimlich y su hijo comenzaba a alterarse, Kuykendall pensó en llamar al preparador físico principal del RSL, pero de inmediato se dio cuenta:
“Espera, yo puedo hacer esto”.
Kuykendall corrió para ayudar. Logró posicionarse correctamente y comenzó la maniobra; con un impulso firme, la mujer empezó a toser, señal de que volvía a respirar y que la obstrucción se había liberado.
“Le tomó unos minutos recuperarse, pero luego la vi disfrutando del partido, riendo y comiendo de nuevo, y eso fue increíble”, recordó.
Aunque su acción le salvó la vida a esa mujer, Kuykendall lo ve con humildad.
“Sé que es algo grande y estoy muy feliz de haber estado ahí para ayudarla, pero pienso en las personas que trabajan en hospitales, doctores, enfermeros y paramédicos que hacen esto todos los días”.
El momento fue intenso, pero ponerlo en perspectiva la ayudó a mantener la calma. Su humildad resalta aún más el impacto de sus acciones y la importancia del personal médico en los eventos deportivos.
Aunque los fisioterapeutas no siempre están en la banda atendiendo emergencias, el rol híbrido de Kuykendall en RSL la prepara para ambas funciones.
“Cuando estoy en la banda, sí pienso en qué haría en una emergencia. Como proveedores de salud, debemos certificarnos en RCP cada dos años, y yo acababa de renovar mi certificación, así que todo estaba muy fresco. Pero en un momento así, lo más importante es actuar sin sobrepensarlo”.
Kuykendall ha tenido semanas extraordinarias, siendo reconocida en el Salón de la Fama y demostrando que su impacto va más allá del juego al salvar una vida. Es un recordatorio del liderazgo, la calma y el corazón que aporta al club.
El personal médico como Kuykendall juega un rol crucial y muchas veces poco valorado en el deporte. Mientras los aficionados se enfocan en goles y estadísticas, ellos trabajan detrás de escena para mantener a los atletas sanos y seguros. Son los primeros en responder, preparados no solo para tratar lesiones, sino para enfrentar emergencias que ponen en riesgo la vida.
Como ella misma lo expresa:
“Siento que los fisioterapeutas hacemos un trabajo muy detrás de escena. La gente nos ve, pero el estereotipo es solo bolsas de hielo, botellas de agua y vendajes. No siempre ven todo el trabajo que hay detrás en la planificación, prevención, diagnóstico y tratamiento”.
En realidad, están capacitados en habilidades críticas, especialmente en manejo de emergencias.
“Esa es una de las principales razones por las que estamos ahí: para poder intervenir y salvar vidas, porque puede tomar tiempo que lleguen los servicios de emergencia”.
Kuykendall es un ejemplo claro del impacto de las mujeres en el deporte, no solo por su excelencia, sino por su liderazgo e innovación. Su pasión por el futuro en Real Salt Lake es evidente.
“Lo que me entusiasma aquí en RSL es que el personal es muy innovador. Estamos buscando maneras de reinventar nuestro departamento y enfocarnos más en la prevención de lesiones”.
Con una tasa de lesiones significativamente menor que en temporadas anteriores, Kuykendall y su equipo ya están viendo resultados, y apenas están comenzando. Su visión, compromiso y dedicación la convierten no solo en una profesional destacada, sino en un ejemplo del brillante futuro que las mujeres están construyendo en el deporte.


